El limón le gana al azúcar

08.10.2012 | ALL LEMON ayuda a mejorar la producción citrícola de una forma más profesional.

Como en tantas otras ocasiones, este año la actividad citrícola de Tucumán le volvió a dar una lección al sector azucarero, cuya dirigencia demostró nuevamente de que no está preparada para desenvolverse en tiempos de crisis. 

El limón y el azúcar tienen en común el hecho de que ambos productos son los principales generadores de la riqueza de la provincia, y que tienen el poder de manejar los precios de que se nutren. En el primer caso, la producción del cítrico de Tucumán tiene suficiente peso para incidir en la oferta y en la demanda del mercado mundial -y también nacional- de la fruta, mientras que el sector azucarero de nuestra provincia controla -o no- el mercado del endulzante en la Argentina. O sea, si la actividad productora de limones envía al exterior mayores volúmenes de los que se requieren, sin dudas tira abajo los precios, y compromete su economía. En cambio, si los azucareros exportan más o menos no afectan los precios del mercado mundial, pero si lo hacen o no pueden marcar diferencias muy importantes en la oferta del mercado interno y en los precios, como consecuencia. Una diferencia marcada en el plano comercial es que si el mercado mundial del limón en fresco se encuentra sobreofertado, a la citricultura sólo le queda la opción de industrializar más fruta, para transformarla en jugo concentrado, aceites esenciales, y cáscara deshidratada, ya que no cabe la opción de ofertar más con cítricos el mercado interno. En cambio, en el azúcar hay más alternativas, porque desde hace algunos años los precios externos del producto son rentables, y existe la posibilidad de canalizar caña para la producción de alcohol para biocombustibles, que también tienen precios favorables. Otro aspecto que comparten es que la caña y el limón se cosechan más o menos para la misma época, entre el otoño y la primavera, y que son afectados por los mismos fenómenos climáticos. Por caso, ambos cultivos sufrieron en paralelo los efectos de la sequía que se extendió entre octubre y marzo últimos, y se beneficiaron con heladas que fueron benévolas este año. Resultado: teóricamente hubo menos caña y menos limón de lo que se podría haber obtenido si el aporte hídrico en la fase productiva de estos cultivos hubiera sido el adecuado, aunque en el caso de la caña se compensó el supuesto faltante con una mayor cosecha, por efecto de una expansión del cañaveral motorizada en la presente temporada. 

¿Faltó acaso limón en el mundo por culpa de la sequía en la Argentina? De ninguna manera, puesto que los empresarios citrícolas integrados en la organización All Lemon operan un sistema muy efectivo: si falta limón para la exportación, restan parte de la producción que iría a las fábricas, y se compensa la oferta. A través de All Lemon, los citricultores encontraron la forma de sumar o restar volúmenes de exportación en la medida de las necesidades del mercado, de manera que todos terminan ganando, aún en condiciones desfavorables. Rigen las premisas de que sólo se exporta calidad, y que la confianza entre quienes componen la organización es clave. 

En la actividad azucarera vienen pugnando desde hace años por lograr aceitar un esquema similar al que funciona en la citricultura. El problema es que en este caso la confianza parece un concepto alejado, porque los azucareros tienen la costumbre de no trabajar por el conjunto, aún a sabiendas de que los actos individuales suelen ser negativos. En las últimas dos campañas azucareras no se exportó lo que se debía, ni se derivó más caña para alcohol, y se saturó el mercado interno. Corolario: todos perdieron e incluso se tuvo que pedir auxilio al Estado, para que les organice el manejo de un negocio que tiene todo a su favor para ser exitoso, pero no lo es por la impericia de sus actores. 

Fuente: Fernando García Soto - La Gaceta